miércoles, 19 de enero de 2011

THE ABBEY (LA ABADIA)


Controles del juego. Desplazando el cursor en la parte superior de la pantalla se mostrará el inventario, contamos con un crucifijo al empezar. Las páginas que se ven a la derecha son notas que Leonardo va escribiendo y que de vez en cuando nos da pistas. Con el botón izquierdo examinamos, con el derecho realizamos la acción. Es bueno abusar de examinar, tocar cosas, y realizar correctamente las preguntas porque al final del juego nos saldrá la puntuación de los progresos tras los créditos.



PROLOGO

A lomos de sus monturas Fray Leonardo y su novicio Bruno siguen el angosto camino que les lleva a Ntra. Sra. De La Natividad. En mitad de la ruta un encapuchado de siniestras intenciones les lanza una enorme roca. Leonardo reacciona rápidamente salvando a Bruno por muy poco. Y aunque persigue al malhechor no llega a atraparle.

Ante la enorme puerta que franquea la abadía nos acercamos al tirador de la campana y lo usamos para avisar de nuestra llegada. Un monje acude a abrir, hablamos con él. El hermano Egidio nos acompaña al interior en donde hablamos con el Abad. Bruno le hace entrega de un presente de parte de su padre, un libro.


El Abad lleva aparte a Leonardo y le hace partícipe de su inquietud sobre la muerte reciente de uno de los hermanos. Nos demanda investiguemos el suceso, con máxima discreción por supuesto. Fray Leonardo acepta, pide tener total libertad para interrogar a los hermanos y acceso a la biblioteca. En la estancia entra el Prior Segundo interrumpiendo la reunión para hacer notar su disconformidad con nuestro último pedido. Se nos niega, a cambio sugieren empecemos la labor por el establo.


PARS I: Scriptorium Deliberationis

Contamos con un mapa en la esquina inferior derecha. Cuando estemos en los exteriores permite una rápida movilidad entre las diferentes dependencias de la abadía.

Entramos en el establo, nuestras alforjas cuelgan cerca del burro. Si bien nuestras pertenencias ya están en la celda ahí queda una brújula que nos llevamos. En el poste hay una cuerda resistente, la cogemos. Vamos hacia el caballo donde veremos a Egidio cepillándolo, hablemos. El monje está seguro que lo acontecido es un accidente y nos señala donde está el incensario culpable de la muerte de Anselmo. Lo examinamos, al mirarlo más de cerca examinamos la mancha roja al final de la cuerda.

Nos dirigimos ahora a la biblioteca, los hermanos escribas están realizando su trabajo. Al avanzar hacia el pasillo un monje regordete se oculta de nosotros. Le hablamos, es Godofredo el ayudante de bibliotecario. Le preguntamos donde es posible conseguir tinta roja.

Llegamos hasta el Índice, nos interesamos en el libro del pedestal. Miramos el bajorrelieve de la pared, falta una pieza. Atrás y hablamos nuevamente con Godofredo. Sus respuestas no hacen más que confirmarnos la necesidad de visitar la biblioteca. La teoría del hermano es que le fantasma del antiguo bibliotecario aún mora entre los muros del lugar.

Subimos al segundo piso. Allí encontramos a Umberto, el traductor. Conversamos, hace gala de un buen cinismo. Subimos la escalera hacia el escriptorium, nos barra el paso Fray Marcelo, el bibliotecario. Solo los copistas pueden entrar. Sin dejarse amilanar Leonardo ofrece a Bruno como aprendiz de copista. Marcelo nos informa que para serlo ha de pasar una prueba haciendo una copia traducida al latín de la primera página del “Hortus Tuus”. Le preguntamos donde conseguir el libro y el resto de las otras cuestiones.


Bajamos hasta los pupitres para pedir el libro a Godofredo. Al parecer el día anterior se lo entregó al jardinero. Mejor será buscarle. Dirigimos los pasos hasta la iglesia, la cual examinamos a fondo, nos llevamos una vela del altar. En el recorrido entre lápidas y santos, nombres como San Torcuato o El Cristo de los Faldones, hacen pensar a nuestra pecadora mente similitudes en frases malsonantes que es mejor, por respeto a inocentes espectadores, no decir en voz alta.

Accedemos al claustro donde encontramos al hermano Arcadio, hablamos con el senil anciano. Entre desvaríos le pedimos el libro pero nos lo niega, dice necesitarlo para curar a Clotilde. Le pedimos hablar con la planta, no está seguro, le comentamos que entendemos que la primera impresión no ha sido buena y luego le decimos que estamos preocupados por lo que Clotilde nos ha contado. De esa forma el anciano suelta la lengua y habla del demonio que habita la abadía. Debemos encontrar alguna solución para Clotilde si deseamos conseguir el libro.

Entramos en el campanario para curiosear, en la parte alta hay un nido con una pluma quizá el sonido de la campana la haga caer, pero no es nuestro cometido tañirla. Visitamos a Martín en la cocina. Cuando pone a prueba nuestro conocimiento sobre especias fracasamos miserablemente.

En el hospital encontramos a un viejo amigo, Eladio. Nos da semillas de cotiledonia, aunque el tarro parece sellado. Nos interesamos por el tipo de especias con las que provee al cocinero. Antes de irnos cogemos la palangana que cuelga en la pared.

Nos vamos al pozo. Leonardo va a tirar de la cuerda para sacar el cubo pero Bruno insiste que le deje probar puesto que se considera mayor, lamentablemente cae dentro. Cogemos la cuerda de nuestro inventario y se la tiramos a Bruno, aunque oyéndole decir estupideces ganas nos entran de dejarle allá abajo, por poco piadoso que sea el pensamiento.

Tras cambiarse de ropa subimos a la celda y recogemos el agua que suelta el hábito empapado. Visitamos la cocina nuevamente, ahora sí acertaremos las especias de la sopa con lo que Martín nos dejará usar el fuego. Colocamos la palangana encima, usamos el bote cerrado en el agua caliente para así abrirlo. Vamos a la bodega, Egidio duerme que da gusto. Despertamos al monje abriendo el espiche del barril para que vaya a tocar tercias.

Vamos a la iglesia y recogemos la pluma en el campanario. Entramos en el claustro para entregar a Arcadio las semillas, nos entrega el libro. Salimos de la iglesia, derecha, entramos en un patio para llegar al despacho de Segundo. Intentamos mantener una conversación pero deja clara su postura acerca de nuestra presencia en la abadía. Pasamos al recibidor, lo curioseamos, tras la otra puerta está el Abad, si entramos nos pedirá cuentas de nuestras investigaciones.

Nos faltan dos lugares a visitar, la herrería que en ese momento permanece cerrada, y el cementerio. En éste último está Egidio trabajando, le preguntamos la ubicación de la tumba del antiguo bibliotecario. Vamos a la caseta del fondo, su estado es ruinoso, avanzamos al fondeo, al rincón.

Es hora que el novicio Bruno pase la prueba de copista. Entramos en la biblioteca, avanzamos hasta el Índice, allí hallaremos papel en blanco. Subimos a ver a Umberto al que pedimos nos traduzca la página del “Hortus Tuus” usando el libro sobre él. Contesta afirmativamente bajo condición de esperar siete días al resultado.

No disponemos de esa cantidad de tiempo, por su estómago haremos que cambie de opinión. Acudimos a la cocina y pedimos a Bruno que distraiga a Martín para robar algo de sopa ya que éste ya había comentado antes que nadie come hasta que sea la hora.

Mientras Martín habla con Bruno usamos el tarro del inventario en el caldero. Volvemos a la biblioteca, esperemos que la comida ablande a Umberto. Cuando se acaba la sopa usamos el libro sobre él nuevamente, aunque no de buena gana ya que hemos de presionarle, acaba haciendo la traducción. Escalera arriba y hacemos saber a Marcelo que nuestro pupilo está listo para su prueba. Pasa el examen con baja nota pero lo suficiente para que el scriptorium no sea terreno prohibido.


Ascendemos entrando en una sala, nos fijamos en la curiosidad de que las columnas del muro son diferentes. Al acercarnos al último pupitre observamos una mancha roja en su superficie. Dicho pupitre tiene una cerradura, será interesante conseguir la llave. De la estancia solo podemos hablar con uno de los copistas, nos presentamos, es un entusiasta de su trabajo.

Si como pensamos, Egidio como portero tiene las llaves del lugar, bueno será pedirle que nos franquee la entrada a la celda de Anselmo. Vamos al cementerio y le hacemos tal demanda, eso sí, nos costará convencerlo. Finalmente nos lleva allí. De la celda cogemos el libro de la mesa, una llave cae de su interior.

Vamos al scriptorium y probamos la llave en el pupitre, dentro hay un bote de tinta y un pergamino con un extraño dibujo. Godofredo nos interrumpe y poco después suena la llamada para la cena. Durante la misma el Abad pide saber que avances hemos tenido durante el día y nos presenta al hermano herrero. Cuando nos levantemos de la mesa hablaremos con él.

Es tarde, nos retiramos a dormir. Leonardo no tiene un sueño tranquilo y despierta con la sensación de que había alguien más en la celda. Eladio entra intempestivamente para comunicar que el hermano Godofredo ha desaparecido.



PARS II: Aconitium Condito

Estamos en el despacho del Abad. Nos urge conseguir resultados en la investigación y que además encontremos a Godofredo.

A tan tempranas horas acudimos a la biblioteca lugar donde encontraremos a alguien despierto. Ciertamente está Eladio, le hablamos y nos interesamos por su lectura. Subimos a ver a Umberto sin ser nuestra intención le asustamos y varios papeles vuelan por los aires, cosa que nos permite ver que el pergamino robado está entre ellos. Cuando cuestionamos a Umberto sobre ello se hace el loco. Le preguntamos por Godofredo.

En el scriptorium está Tomás, también preguntamos por el hermano desaparecido, de hecho le preguntaremos a todo el que veamos. Salimos, en los establos vemos a Nicolás y Egidio tampoco saben nada. Vamos al claustro a ver a Arcadio, nos pide encargarnos de afilar su hoz. Buscamos a Martín en la cocina, está cerrada, pero le encontraremos fregando en el refectorio.

Hemos registrado por todas partes sin suerte, un mal presentimiento hace dirigir nuestros pasos hacia la caseta del cementerio. Avanzamos al rincón del fondo donde una mancha roja nos llama la atención. Cogemos la pala tras la lápida, más tarde la examinaremos en el inventario. Movemos el tablón, hemos encontrado a Godofredo, muerto. Aparecemos en el hospital junto al cadáver y Eladio al que preguntamos de todo. Antes de salir del edificio cogemos una pipeta cerca de la vela encima de la mesa.


Vamos al despacho del Abad, sigue sin dejar que investiguemos la biblioteca, a cambio se muestra encantado con enseñarnos la cripta. Somos conducidos al lugar donde hay una gran cantidad de tesoros acumulados. Justo al entrar nos fijamos en un bajorrelieve cuyo motivo es igual al del pergamino robado. Mientras admiramos el tesoro hablando con el Abad pedimos nos muestre la llave de la cripta. Cuando la tengamos aprovechamos el momento para usar la vela en ella y obtener un molde.

En la biblioteca Tomás hace las funciones de ayudante de bibliotecario, pedimos que nos deje un libro en concreto (el que estudiaba Eladio antes). Copiamos la receta de un somnífero que pensamos hacerle beber a Umberto. Necesitaremos agua, rapé, belladona, tomillo y destilarlo.

Vamos a la herrería, pediremos a Nicolás que afile la hoz y le entregamos el molde para que nos haga una llave. Dice que tiene mucho trabajo, le regalamos la brújula y así convencerlo que se ponga enseguida en la labor. Al lado de Nicolás hay un barril con carbón, nos llevamos un poco. Antes de salir de la herrería cogemos de la puerta un fuelle.

Reunamos los ingredientes necesarios para el somnífero. El agua la obtenemos de un cubo que hay encima del pozo, llenamos el tarro vacío que llevamos. Para la belladona preguntaremos a Eladio de donde sacarla, nos dirigirá a Arcadio y su amiga Clotilde. Al entrar en el claustro usamos la hoz en la planta cortando una hoja.

Si hemos ido revisando las notas del inventario sabremos que el Abad es un consumidor de rapé. Vamos a su despacho, cerrado. Examinamos la ventana, usamos a Bruno para subirnos encima, Leonardo avanza por el alfeizar exterior hasta colarse en el despacho. Abrimos el armario, examinamos un cofre (no llegamos a verlo, solo sale el nombre) para llevarnos el rapé de dentro. Examinamos la zona derecha de la mesa, del cajón agarramos la llave del despacho para abrir la puerta y salir.

Para el último ingrediente iremos a la cocina, cerca de la palangana está el tomillo. Ahora hay que machacar los ingredientes en el mortero del hospital. Una vez convertido en polvo Leonardo automáticamente pondrá la mezcla en el tarro con agua.

Vamos a la bodega. Cogemos la antorcha de la entrada y nos acercamos al alambique. Ponemos el carbón y la pipeta. Vaciamos el tarro en el cuello de entrada del alambique. Encendemos el fuego con la antorcha de nuestro inventario. Destilación en marcha.

Camuflaremos el somnífero rellenando el tarro con sopa de Martín. En la cocina volvemos a pedir a Bruno que distraiga al cocinero. Listo. Vayamos ahora a dar de comer al hambriento Umberto el cual da buena cuenta de la sopa. Mientras esperamos que la medicina haga su efecto charlamos con él sin llegar a admitir que le hemos drogado.

Cuando se queda frito miramos en el libro de su mesa, ahí no hay nada. Avanzamos al fondo de la estancia, en la estantería de la pared hay la estatua de una virgen. La cogemos y examinamos, dentro hallaremos el pergamino. Leonardo se interesa en saber que piensa Bruno de la importancia de dicho papel. Sinceramente, para lo que suelta ese muchacho por la boca más valía haberle dado el somnífero a él desde el principio.

Antes de salir de la biblioteca pasemos por el Índice para interrogar a Marcelo, de cuyas respuestas sacamos la conclusión que ambos monjes muertos se llevaban algo entre manos. Vamos a la herrería a buscar la copia de la llave que prometió Nicolás. En el momento que la entrega llega un monje a toda prisa, Umberto ha sido hallado muerto.



PARS III: Nox

La oscuridad de la noche nos da la oportunidad de investigar la cripta de la iglesia. Usamos al copia en la cerradura. Directos al bajorrelieve, usamos el pergamino en él, Leonardo hace notar que existen algunas diferencias entre ambas imágenes. Nos tomamos un momento para observar atentamente y luego examinamos el pergamino del inventario. Existen 3 diferencias, y hemos de pulsar exactamente sobre ellas en la imagen de piedra. Son, el demonio de dos cabezas (arriba izquierda), boca demonio (centro), pecadores (inferior derecha).  



Un pasadizo se abre. Nos adentramos hasta llegar a un osario. Del montón de huesos cogemos un fémur. Fijaos en la imagen de abajo para saber lo que hay en cada lugar. Actuaremos de la siguiente forma. Examinamos el grabado de la pared, no podemos leer lo que pone, le pedimos a Bruno la tinta que todavía lleva encima. Usamos la tinta en el grabado, ponemos encima papel en blanco y pasamos el rodillo para hacerlo legible. Leemos ahora el papel en el inventario.


Según pone, entramos en la estancia superior, miramos la estatua y el reloj, pulsamos en la mano derecha de la estatua hasta que la manecilla del reloj esté en “X”. Ahora a la estancia inferior. A esta estatua le falta un trozo, ponemos el fémur en la ranura donde debería estar el brazo y vamos pulsando hasta que manecilla quede en “I”. Hecho esto oímos un ruido en la lejanía. Vamos a la estancia de la piedra, en el muro del fondo una es diferente, la presionamos saliendo al exterior.

Dirijámonos al cementerio, avanzamos más allá de la caseta hacia las tumbas. Localizamos la de Anselmo. Le damos la pala a Bruno ordenándole que cave. Pone muchas pegas, le convencemos a base de escoger frases tranquilizadoras y en pos de la investigación. Examinamos el cuerpo del muerto, tiramos con fuerza de sus manos (sayo) logrando extraer otro pergamino que observaremos en el inventario.

Ahora a la biblioteca. Hay luz en una de sus ventanas y la puerta de entrada no está cerrada. Subimos al scriptorium, nos acercamos a la columna con relieves, es la clave para acceder al los archivos secretos. Usamos el pergamino de la tumba sobre la columna y la verja se abrirá. Nos preguntamos por decimoctava vez porqué tenemos que ser acompañados en esta aventura de un ser con tal estupidez supina. Como nada podemos hacer en ese sentido entramos.

Seguimos el único camino posible llegando al corazón de la biblioteca. Miramos los libros y cogemos uno, de esa forma Leonardo averigua el porqué a nadie le era permitida la entrada. Escuchamos un ruido, al girarnos hacia su origen sorprendemos a alguien que huye al vernos. Le perseguimos pero consigue huir.


Volvemos con Bruno y nos hayamos en una sala con evidentes vestigios de ritual satánico. Lo examinamos todo. Reconocemos al libro del atril como aquel que trajo Bruno como presente para el Abad y le faltan unas páginas, nos lo llevaremos. Es hora de irse.

Descendemos, comprobamos con sorpresa que el despacho de Marcelo ya no está cerrado. Entramos a investigar. Bajo la escalera hay una sábana, al retirarla cogemos una piedra tallada del suelo, es la que faltaba en el bajorrelieve del Índice. Vamos allí y la colocamos en su sitio abriéndose otro pasaje por el que salimos apareciendo en nuestra celda.


PARS IV: Defungor Pecatores

Durante el oficio matinal Egidio se cruza en el camino para hacernos saber que el Abad desea vernos. Mientras somos duramente reprendidos aparece la figura de Nazario de Milán, un representante de la Inquisición y viejo enemigo de Leonardo. Nos retiran del caso y “conducen amablemente” fuera del despacho. Ahí conversamos con el Prior cuyo pecado de soberbia junto con su satisfacción de vernos relegados es demasiado evidente.


Vamos a la biblioteca y pedimos un libro sobre demonología, Marcelo se niega tajantemente aunque se le escapa que Martín, el cocinero, también se interesó por el tema tiempo atrás. A la cocina para hablar con Martín. Para acabar de preguntar todo lo que queremos tendremos que seguirle al refectorio.

En el cementerio tres de los hermanos celebran una pequeña reunión, Arcadio, Egidio y Nicolás. Hablamos con ellos, al anciano lo dejaremos para el último. Cada vez que vamos conversando Arcadio intenta echarnos, no debemos darnos por vencidos, continuamos hablando una y otra vez con los monjes hasta que agotemos las preguntas. Finalmente nos dirigimos a Arcadio y presionamos para que acabe citándonos en el claustro.

Vamos allí pero no está. Salir y volver al cementerio. En esta ocasión le citamos en nuestra celda. Al llegar allí Arcadio ya está dentro. Dice algunas tonterías, salimos de la celda con Bruno y le pedimos que se quede allí y nos deje hablar a solas. Cuando volvemos dentro descubrimos que el anciano es mucho más lúcido de lo que deja entrever. La conversación es de lo más interesante y reveladora.

Por lo que ha relatado es obligada una visita a la cocina. Registramos, bajo las lechugas encontramos un paquete. Lo abrimos y examinamos, es un Tarot. Una de las cartas representa el pentáculo que vimos la noche anterior. Entramos al refectorio a preguntar a Martín sobre la baraja. Admite que es suya y nos da información sobre el pentáculo. Le devolvemos la baraja pero nos quedamos con la carta del pentáculo. En ese momento llaman a capítulo, una reunión de monjes.

Tras el Prior, Nazario de Milán toma la palabra llamando a Eladio que, en ese momento, no está presente. Nazario le acusa directamente de ser un criminal. Acabado el capítulo vamos sin demora al hospital, está cerrado.

Nos dirigimos a la herrería. Nicolás está asustado y nada desea saber de nosotros, al punto que devuelve la brújula. En la salida cogemos un martillo y una palanca que usamos en el barril que hay ahí mismo para llevarnos algo de pólvora. Vamos al cementerio a pedir a Egidio que nos abra el hospital y la celda de Umberto, cosa a la que se niega.

Ahora mismo el Prior no está en su despacho, veremos una carta sobre la mesa, la cogemos y leemos. Son malas noticias para Egidio, quizá debamos compartirlas con él. Le mostramos la carta que había dentro del sobre. Por fin accede a llevarnos a la celda de Umberto. Una vez allí examinamos la cama y la movemos. Vemos un agujero con algo dentro que no alcanzamos. 

Rompemos la brújula con el martillo, el examinar los restos se separará automáticamente el imán. Lo combinamos con el crucifijo y lo usamos en el agujero. Sacamos una llave. Salimos pero antes de irnos nos acercaremos a la celda contigua. Al pulsar sobre ella escucharemos una conversación.

Sin llave para abrir el hospital hemos de ingeniar otro plan. Bajamos a la iglesia para coger otra vela. En la palangana de la cocina pondremos la vela para conseguir una mecha. Vamos al hospital y en la cerradura ponemos la pólvora y la mecha, pero Leonardo dice que está seca.

Entramos en la bodega para mojar la mecha en el barril con espiche, Leonardo dice que mejor usar un recipiente. Usamos el tarro vacío del inventario y mojamos la mecha con el vino de dentro. Aunque pongamos ahora la mecha necesitamos fuego para prenderla. La antorcha de la bodega queda descartada porque Leonardo no la sacará de ahí. Iremos a por la tercera vela que queda en la iglesia y que podremos encender en el fuego de la cocina.

Hecho esto regresamos al hospital colocando la mecha y prendiéndola. Al entrar vamos directamente al armario del fondo. La llave que encontramos en la celda de Umberto servirá para abrirlo. En su interior hay un cofre y una hoja traducida que resulta ser una de las perdidas del libro de Bruno. Dicha traducción explica muchas cosas. El cofre es imposible abrirlo, intentaremos pedirle a Nicolás su ayuda en tal menester.

Bruno escoge ese momento para revelarse y negarse a seguir a Leonardo. Tras una agria discusión maestro y novicio se separan. Leonardo va directo a la herrería. Nada más entrar vemos un papel arrugado en el suelo. Lo cogemos, dice “Ven al refectorio”. De Nicolás no hay ni rastro.

Cuando llegamos al refectorio Nicolás está tirado en el suelo. Mientras examinamos su estado aparecen Nazario y su grupo acusando a Leonardo de ser el asesino de los monjes. En la animación vemos como Nazario va cerrando su trampa sobre Leonardo que no tarda en ser condenado a la hoguera sin juicio alguno.


Preparan la pira y atan al poste a Leonardo. Por mucho que éste intenta convencer a Nazario de su error el Inquisidor hace oídos sordos pues su único interés es librarse de ese viejo enemigo al que tantas ganas le tenía.

Cuando marchan todos tenemos que ser rápidos para no quemarnos. Cogemos el crucifijo del inventario. Justo bajo las ataduras del poste hay una muesca. En cuanto la encontremos colocamos el crucifijo ahí, luego hay que ir pulsando en ese lugar todas las veces que sean necesarias hasta que Leonardo consiga liberarse.



Es hora de enfrentarse al verdadero asesino. Entraremos en una larga charla con él en donde se aclaran buena parte de los misterios. El asesino está verdaderamente loco y acaba prendiendo en llamas el hospital. Intentamos coger el libro negro para quemarlo pero su alta temperatura nos lo impide. Agarramos el tarro sobre la mesa, lo usamos en el cubo de agua del suelo a la derecha de la mesa. Tiramos el contenido del tarro sobre el libro. Mejor, pero aún está demasiado caliente. Llenamos el tarro en el cubo de antes y la tiramos en el libro. Ahora sí podemos cogerlo y lanzarlo a las llamas.

Entraremos en las escenas finales y se desvelarán los misterios que faltaban por saber.



Nota: Como al principio resalté, tras los créditos, si habéis llevado a cabo la investigación correctamente conseguiréis el 100% de puntuación. Con ello podremos ver a Leonardo comentado un último y curioso secreto.


2010-Guía realizada por Chuti.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buena guia. Acabo de terminar el juego gracias a ella. Muchas gracias por haberte tomado el trabajo de hacerla!!

Chuti dijo...

Me alegra que te haya gustado y servido :)

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